Shorts, ortodoxia y la mujer de la India

SOBRE LA BELLEZA DE MUJER REINA

Por Jaguit Rabbi

Shorts, ortodoxia y la mujer de la India

Recuerdo muy bien este día. Tenia dieciséis años y cortaba con especial dedicación un jean largo para transformarlo en un short bien cortito. Era justo el día que iba a ir al Registro Civil a buscar mi nuevo documento y planeaba celebrarlo con un nuevo look. (En Israel, cuando cumplís dieciséis, es todo un evento ir recibir el documento nuevo).

Al salir de mi habitación con todo el esplendor de mis jóvenes piernas al aire, mi mamá me dijo con su característico tono silencioso:

- Jaguiti, eso no se ve bien –

- ¿Por qué no? – Le respondí enseguida. – Soy una mujer adulta y libre y me puedo poner lo que se me de la gana. Si a alguien no le gusta, es su problema. Y aparte, tengo calor. 

Mi mamá no discutía conmigo. Creo que porque sabía que hay cosas que debía experimentar yo misma para comprender. También porque confiaba en que mi intuición me cuidaría de cualquier mal y me guiaría al final de cuentas, a elegir lo mejor para mi. Y así fue.

Salí de casa camino al registro civil. De forma consiente, mi manera provocativa de vestir era una expresión de libertad, adultez y altas temperaturas. De forma inconsciente, estaba claro que lo que buscaba era llamar la atención del sexo masculino o más precisamente, encontrar a mi príncipe azul, que al igual que en la historia de Cenicienta, llegaría a mí en su caballo blanco locamente atraído por mis piernas bronceadas. Pero la realidad lejos está de los cuentos de hadas y en vez de encontrar a mi príncipe, encontré miradas de deseo, muchas de ellas de hombres mayores que mi padre, que me miraron como un objeto y pude sentir cómo sus pensamientos me ensuciaban y desestabilizaban mi autoestima y mi seguridad. Con esa incomodidad y mientras hacia la cola para el documento, estiraba mi remera lo más que podía tratando de tapar mi desnudez y no veía la hora de volver a casa a sacarme de encima ese error. 

Cuando observo hoy a chicas adolescentes, dudo acerca de cuánto tiempo tiene que pasar o no, hasta que su intuición femenina las despierte a entender que las fotos provocativas que suben a Instagram y la ropa minimalista con la que salen a bailar hasta la madrugada, no es exactamente un halago a su feminidad. Aparte y por experiencia, tampoco es el camino para atraer a su vida a un hombre que realmente las quiere de verdad y no solamente quiera ir a la cama con ellas.

Pero con su permiso, vuelvo a mi propia historia personal. Pasaron algunos años desde aquel episodio del mini short y yo, en mi búsqueda de repuestas a las grandes preguntas de la vida, me encontré a mi misma en el mundo de la ortodoxia judía. Ahí vi mujeres muy modestas, con polleras largas, mangas que cubren los codos y todo tipo de cobertores para el pelo, desde sombreritos hasta pelucas. Casi no hay tentaciones en esta sociedad, pero tampoco hay mucha belleza. Detrás de las ropas anchas y los pañuelos apretados, se escondía en muchos casos, negligencia y también complejos con todo lo relacionado al placer sexual. Esta no fue la razón por la cual dejé la ortodoxia después de varios años, pero el hecho que este mundo no diera a la belleza la importancia que para mi tiene, tuvo su peso en mi decisión.

¿Por qué la belleza siempre fue importante para mi? Creo que Platón respondió esta pregunta con mucha precisión: ¨El amor a la belleza es como el amor al bien. No necesita explicación. ¨

Al final, encontré el modelo de belleza femenina que vibra en la frecuencia de mi alma. Lo descubrí en el libro ¨India¨ del periodista Azriel Carlibach donde él compara la belleza estética de la mujer de la India con el modelo europeo:

“… La mujer de la India guarda su magia para ella y su esposo solamente. Su belleza no la muestra, sino que la insinúa. No atrae a su carne sino a su misterio.

La mujer europea muestra su belleza como una marquesina, a diferencia de la primera que permanece con luz tenue, en su propia casa, donde las persianas están a medio cerrar.

Ella se acerca, su frente es alta y pura, sus ojos negros y profundos. Sobre sus mejillas, la inocencia y sobre sus labios una sonrisa que no probó el gusto del pecado. Ella se acerca sólo para enseñarte cuán lejos está. Pasa delante de ti orgullosa e inclinada, con su resplandor grandioso, su cabeza descubierta y su cuerpo cubierto desde su cuello hasta sus sandalias. El maquillaje esfumado, sus adornos suenan como cencerros. Quienes la ven se derriten y a su paso no da ninguna respuesta a todos tus interrogantes.

Puede que ella sepa el secreto, que el hombre quiere el secreto. Puede que ella sepa que él busca aquello que no está expuesto, lo oculto, lo que se escapa de toda expresión y descripción. Quizás la divinidad le reveló el secreto: que el cuerpo no es más que el pasillo hacia el palacio del amor.”

Una belleza tan llena de gracia, una belleza que despierta en el hombre la aspiración a algo más noble, no es resultado exclusivo del cuidado externo sino la expresión de una belleza interna, belleza del alma. Y ese es el secreto de la belleza de Mujer Reina: bella por dentro y bella por fuera. La singularidad del alma se refleja también en su forma de vestir. Mujer Reina no busca marcas, sino elije y diseña sus ropas y accesorios en concordancia con su propio estilo personal. Las Mujeres Reina no se visten todas iguales, cada una es auténtica, pero se las puede identificar por su nobleza, por la armonía de sus vestiduras y de sus modos, y especialmente por el brillo de sus ojos. Los ojos son el espejo del alma y por eso la belleza de una Mujer Reina no tiene limite de edad. Porque la belleza del alma no tiene limites.  

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