Machismo, feminismo y mujeres reina

Por Jaguit Rabbi

Machismo, feminismo y mujeres reina

Un día, cuando mi abuela tenia 12 años, le dijeron que se pusiera la ropa nueva que le habían comprado porque la llevarían a una fiesta. Lo que no le dijeron es que esa fiesta era su fiesta de casamiento (con un primo de la familia que tenía 20 años). En la noche de bodas, al no entender lo que él pretendía de ella, se escapó a la casa de sus padres donde en lugar de contención, recibió la orden de volver con su esposo. Lo que pasó a partir de ahí fueron siete embarazos seguidos, uno detrás de otro. Todo esto paso en Afganistán hace poco menos de cien años y hoy yo puedo entender por qué mi abuela afgana estaba siempre enojada y amargada.

El destino de mi abuela materna fue mucho mejor. Se casó por elección con mi abuelo y vivió una vida cómoda en Marruecos casi en la misma época en que mi abuela afgana bajaba hasta el rio en burro a lavar la ropa del marido y los siete chicos. 

Pero ella tampoco pudo escapar de la represión machista que al parecer era el destino de la mayoría de las mujeres de aquella época. Mi abuelo, que era muy religioso, le prohibía a mi abuela visitar a una de sus hijas que no era religiosa. Mi abuela le obedeció y cuando esa hija (que estaba embarazada) murió trágicamente de un ataque de epilepsia, ella empezó a desarrollar el mal de Alzheimer. Para mi, esa enfermedad le permitió revelarse y decirle a mi abuelo todo lo que no se animó a decirle mientras estaba sana. Por ejemplo, le decía que se iba de la casa y le prohibía preguntar a dónde, lo humillaba públicamente y le exigía a los gritos que le diera dinero (a mi abuela jamás le faltó nada, pero como buen hombre machista, él nunca le dio la posibilidad de tener la plata en su bolsillo). También en medio de una fiesta, cuando todos sus hijos y nietos estaban alrededor de la mesa, podía humillarlo y mandarlo a la cocina a traer cualquier cosa que se le ocurriera.

¿Cuándo fue que estas historias de mis abuelas llegaron a mi conciencia? Fue el día que tuve un desacuerdo sobre dinero con el padre de mis hijos. Él hizo algo sin mi consentimiento y el enojo que me agarró fue muy grande. Y ese enojo no fue debido solamente al coctel genético que yo tengo (medio afgana y medio marroquí), era algo que requería una investigación más profunda. Cuando le conté esto a mi amiga y gran consteladora Silvia Altman, ella me invitó a chequear si ese terrible enojo era solamente mío o había algo más. Y así fue. Durante una constelación familiar, surgieron frente a mis ojos las almas de mis abuelas y ahí me di cuenta que yo cargaba con sus enojos por tantos años de opresión y gobernación machista. También entendí que tengo una misión: ser la que rompa esa cadena de mujeres sumisas y liberarlas a ellas y a las que vendrán después de mi. 

Personalmente, mi respuesta al machismo no es la lucha con el hombre, que quizás es una etapa necesaria en el camino hacia la libertad como contra reacción, pero definitivamente no me parece el último destino de mujeres libres y felices de verdad. Me considero feminista porque el empoderamiento de las mujeres es un tema muy importante para mi pero no estoy de acuerdo con el feminismo que, en su deseo de lograr la igualdad, borra las diferencias esenciales entre hombres y mujeres. Para ser más precisa, a mi forma de ser feminista, la llamo Mujer Reina. Al igual que el sol no puede ser luna y el día no puede ser noche, así también las mujeres nunca vamos a ser hombres. Este hecho se puede aprender de la medicina china que enseña que en la naturaleza existen dos fuerzas opuestas que se complementan entre si: Yin (oscuridad o sombra) y Yang (luz). Yin representa la calma y el silencio, la noche, la luna, la bajada de la marea. Yang es movimiento de energía, el día, el sol, el pico de la ola. Estas dos fuerzas definen también la diferencia esencial entre la masculinidad y la feminidad en la Creación. La característica de la actividad masculina es activa y gruesa. En cambio, la feminidad actúa en forma pasiva y delicada. Maestros de tantra enseñan también que en la sexualidad se revela esta polaridad entre la energía activa masculina y la energía pasiva femenina, y que es importante cuidarla porque sobre ella se basa la atracción y el placer de ambas partes. Es importante señalar que estas dos fuerzas son iguales y no hay lugar para hablar de superioridad, pero son contradictorias y complementarias a la vez. 

Ahora, un hombre genuino es capaz de percibir que la mujer tiene capacidades delicadas que él no posee. Siente que ella es un tesoro que tiene que cuidar y también siente el impulso de protegerla en el mundo físico en el cual él es más fuerte. Lamento decirlo, pero en mi opinión, un hombre que no siente esto es una criatura brutal que no merece el titulo de hombre. Estos son los hombres machistas que interpretan la delicadeza femenina como debilidad y, por lo tanto, su fuerza masculina como arma de control. Mujer Reina filtra estos hombres automáticamente de su radio y atrae a hombres que quieren bajarle la luna. Mujer Reina es una mujer muy segura, que ama a si misma y que cuida mucho su suave energía femenina. Está claro que las mujeres podemos hacer de todo, pero en mis Encuentros Personales, el problema de las mujeres que me consultan no es que no pueden hacer las tareas que hacen los hombres, sino que están agotadas de tantas cosas que deben hacer. Las mujeres de nuestra generación estamos tan ocupadas tratando de demostrar que podemos hacer lo que los hombres hacen, que terminamos perdiendo nuestra singularidad. Las mujeres no fuimos creadas para hacer lo que los hombres pueden hacer, sino para hacer todo lo que los hombres NO pueden hacer. 

Está claro que en la vida cotidiana hay muchos momentos de hacer y de energía Yang (control, responsabilidad, logro de metas, etc.), pero tenemos que estar consientes de nuestra necesidad natural de ¨volver a casa¨. Estar atentas a nuestra energía Yin que se caracteriza por la aceptación, la contención, la relajación y la suavidad. En otras palabras, si fuera de casa es difícil cuidar esta energía, porque ya sabemos que el mundo del trabajo es muy masculino, entonces es nuestra obligación cuidarla en la intimidad, tanto cuando estamos solas como cuando estamos con nuestra pareja. 

Tengo una amiga feminista que casi mata a uno hombre que se atrevió a abrirle la puerta del auto: ¨no soy discapacitada y puedo abrir mi puerta yo sola. ¨ 

A la Mujer Reina no le interesa pelear con el hombre y mucho menos castrarlo. Quiere a su lado un rey que la proteja, y que disfruta y se eleva al cuidar su delicada fragancia femenina. Pero ¡ojo! No confundan Mujer Reina con debilidad, porque en la vida, al igual que en el ajedrez, la reina, es la figura más fuerte.       

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