DE LA SEDUCCIÓN A LA CONEXIÓN

UNA EXPERIENCIA DE TRANSFORMACIÓN PERSONAL

Por Julieta Jersonsky

DE LA SEDUCCIÓN A LA CONEXIÓN

Año 2000, ciudad de Buenos Aires, veintitantos años.

Luego de dos noviazgos seguidos, tomé la decisión de ‘ser libre’. Recuerdo mi discurso de entonces: ¨Ya estuve demasiado tiempo de novia, ahora quiero estar con uno, con otro, con el que me de la gana. ¨

No sé exactamente de dónde provenía mi sensación de no tener libertad. Tal vez, de un último novio celoso que me hacía escándalo por cualquier cosa. Tal vez, de una familia exigente a la que ningún novio mío le venía bien. O tal vez, de algo mío muy interno, una especie de impulso que hoy interpreto como fuerza creadora y que, en aquel momento, ante mi incapacidad de traducirlo en algo tangible, lo utilicé a costa de mi sexualidad.

Así empezó una etapa en mi vida en la que todo pasaba por la seducción y la conquista. Algunos muchos, me creían encantadora. Muchas otras, no me soportaban. Yo por mi parte, me sentía poderosa, mi autoestima estaba alta, sobresalía entre mis amigas y lo pasaba bien… al principio. 

Nunca fui de la mini falda y el escote, posiblemente porque mi cuerpo no estaba a la altura (siempre fui muy flaca) pero de haber tenido más curvas, sin dudas, mis atuendos habrían sido otros. La clave aquí era mi actitud y también mis discursos. Hablaba todo el tiempo de sexo, sobre todo con mis amigos varones, queriendo creer que mis palabras no hacían eco en ellos, pero sabiendo en el fondo que los seducía. Hace casi 400 años, René Descartes dijo: ‘pienso, luego existo’ o más literal aún: ‘pienso, luego soy’. Yo, si no seducía, no era nada. No existía. La seducción era todo. La seducción era yo.

Un día, las cosas se me empezaron a ir de las manos. Me acuerdo una vez en un bar donde trabajaba un amigo. Le había comentado que quería hacer algo extra y me invitó a conocer el lugar y a su amigo el dueño, para ver si enganchaba unas horas de mesera. Recuerdo como si fuera hoy, lo muy insegura que me sentía y lo nerviosa que estaba. Charlamos un rato largo los tres, hasta que en un momento fui al baño. Cuando salí, estaba el amigo de mi amigo (el dueño del bar), esperándome con cara de ‘vine porque me llamaste’ y muy bien predispuesto a intimar en privado. Yo estaba sorprendida, no constaba en mi conciencia haberle tirado ninguna indirecta, pero aún así, reaccioné como una buena femme fatal, sin demostrarle ni por un segundo que estaba equivocado. Y a pesar que no pasó todo, pasó más de lo que yo hubiera querido. Adentro mío, de femme fatal no había nada. Tenía tan bien puesto el disfraz, que incluso me encontraba en situaciones como esa, en la que no sólo no me sentía seductora, sino como describí antes, me sentía insegura y nerviosa. Era algo que no controlaba, que ocurría sin mi consentimiento y que me dejaba atrapada en episodios como ese, de los que no podía salir. Era como si el mecanismo de seducción hubiera cobrado vida propia hasta convertirse en automático. Ya no lo pasaba bien pero igual no podía hacer otra cosa. No quería estar más con uno y con otro, pero igual lo hacia.

Mis andanzas en busca de la libertad, me condujeron a hombres que reflejaban lo que yo era en aquel entonces: rudos por fuera e inseguros por dentro, disconformes con ellos mismos, oprimidos por los mandatos, que buscaban su libertad de la misma forma que yo. Hombres con los que sólo se podía tener relaciones, en caso de llegar a eso, carentes de confianza y de armonía. Siempre había algo de qué sospechar, siempre algo indescifrable sobre qué discutir. Si estaba todo mal, hablar sólo conducía a estar peor. Comunicación cero. Básicamente un infierno. Pasé mucho tiempo preguntándome ‘por qué a mí’, ‘por qué siempre con este tipo de hombres’ ¡Es que no se puede estar en el juego y pretender algo distinto! Y hay cuestiones que siempre es más fácil verlas en el otro que en uno mismo. Así un día, observándolos a ellos, me di cuenta lo que era yo, y descubrí también, con qué ojos los elegía. ¿Era con los ojos del alma? ¡Claro que no!  

Como ocurre en la mayoría de los casos, nos ‘despertamos’ porque el sufrimiento ya es demasiado grande, y en aquel momento, mi sufrimiento era demasiado grande para mi. En ese estado llegué a ALMA, Centro de Desarrollo Espiritual que hoy dirijo junto a Jaguit, su fundadora. Como siempre digo cuando cuento mi historia, esta fue mi ‘salvación’. Salvación entre comillas porque ya sabemos que cada uno se salva a sí mismo, y yo llegué a ALMA por impulso propio. Pero fue gracias al conocimiento que adquirí acá, al apoyo y la contención que recibí, y a la red que armé, que pude comenzar mi metamorfosis. La primera y una de las transformaciones más grandes que experimentaría.

Ya en un camino más luminoso, lo primero que hice fue admitirme a mi misma que más que femme fatal, era un óvulo contra natura. El óvulo espera a que el espermatozoide más rápido y fuerte lo fecunde. Aguarda como aguardan las reinas en sus tronos. Yo hasta entonces había sido un óvulo cazador, perseguidor de gusanitos. Así, por primera vez en mi joven vida, me animé a verme la cara detrás de la máscara: vi mi angustia, mi desconsuelo, mi autoestima tan baja, lo perdida que estaba, y aquel impulso del que hablé al principio, tan debilitado por el mal uso, pero que aún estaba vivo.

Estaba destrozada pero lista para empezar de nuevo. De a poco fui entendiendo. Entendí que ser libre no era lo que pensaba, sino es ser yo misma. Que para ser yo misma, primero debía saber quien soy, conocer a mi alma. Que una vez que supiera quien era, el siguiente paso sería aceptarme tal como soy y amarme profundamente, porque está indicado muy clarito: ‘ama a tu prójimo como a TÍ mismo’. Que reconocer mis talentos y virtudes no significa ser egocéntrica, sino todo lo contrario: cuando sabemos de lo que somos capaces, más herramientas tenemos para ennoblecer el mundo haciendo lo que vinimos a hacer, y más herramientas tenemos para ayudar a los demás. Que la feminidad es un tesoro invaluable que debemos salvaguardar a toda costa, y cuya fuerza radica en iluminar y elevar. Que, para iluminar y elevar, hay que mantener la conexión con el alma: cuando seducimos a cualquiera, en cualquier momento y lugar, regalamos esa conexión gratuita e innecesariamente. El alma y el cuerpo mantienen una relación íntimamente estrecha y cuando el cuerpo se convierte en objeto, el alma también.

Empezó a pasar el tiempo y mis cambios eran notables. Ahora que reconocía el mal camino elegido, y podía distinguir la luz de la oscuridad, no había nada ni nadie que pudiera detener mi evolución. Por supuesto que tenia mucho por recorrer, pero ya no necesitaba conquistar a nadie para sentirme viva, ni llenar mis vacíos con la compañía de desconocidos. De a poco iba sabiendo quién era, lo que quería, lo que ya NO quería y así un día, en una de las muchas entrevistas que hacía a diario en mi trabajo (era selectora de personal), lo conocí a él. Cuando lo vi en el hall de entrada, nada en particular llamó mi atención. Luego, cuando pasamos a la sala y comenzamos a hablar, ocurrió la magia. No hubo en absoluto ningún intento de conquista de su parte. Para cualquiera que nos observara, todo transcurrió con normalidad. Sólo él y yo sabíamos que no se trataba de una entrevista más. Recuerdo lo que le dije a mi compañera luego de despedirlo: ‘Nati, lluvia de corazones’. A lo que ella respondió: `Julieta, deja de drogarte.’

Efectivamente, la magia había ocurrido y yo no estaba drogada. El entrevistado y quien escribe, nos pusimos de novios a los pocos días de aquel primer encuentro y en menos de un año vivíamos juntos. Cuando conectas con alguien de alma a alma, es imposible hacerte el distraído. Y si la conexión es fuerte como en este caso, el hecho que él fuese 14 años mayor, separado y con hijos, no te importa ni un poco. Lo único que queres es disfrutar de esa armonía, de esa paz, de tener a alguien al lado que te acepta tal como sos y que te quiere así, con todos tus bemoles. ¿Cómo llegué a esto? Habiendo aprendido a priorizar la esencia por encima de las formas, aceptándome yo tal como soy, queriéndome yo tal como soy, y de esa forma, logrando la paz conmigo misma. Sin esa transformación previa, jamás nos hubiéramos encontrado. Porque para encontrarse, es condición fundamental, vibrar la misma frecuencia.

Esta experiencia está plasmada en REINA, LOS SECRETOS DE MUJERES INOLVIDABLES, un seminario corto en el que revelamos los 4 secretos de la Mujer Libre:

  • La conexión con su propia belleza
  • La verdadera fuerza de la feminidad
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