Del dolor de espalda al crecimiento espiritual

Por Jaguit Rabbi

¿Cómo ayudar?

Gimnasio para la Vida en Israel. Un minuto antes que el seminario comience la capto entre los participantes: una mujer en sus cincuenta con ojos brillantes que son espejo de su alma. Una voluntad fuerte, vitalidad y honestidad. 

Hace un año que rezo para encontrar a las personas que puedan liderar el proyecto ALMA en distintos lugares del mundo y yo sé que el rezo y la telepatía son herramientas aún más poderosas que todas las redes sociales juntas. Obviamente siempre y cuando se trate de almas que apuntan a la misma frecuencia: elevación y servicio. 

“Ella va a ser la líder en Israel o al menos uno de ellos” pienso para mí, pero por ahora no es momento de decir nada. Nos esperan ocho horas de seminario intensivo y ella piensa que vino sólo para enriquecer su mundo interior. Todavía no tiene idea de la revolución que está a punto de ocurrir en su vida y yo tengo que tener paciencia. 

Terminó el seminario y esa misma noche camino a Alemania, mi hermana que es su amiga, me reenvía un mensaje de ella: “¡Tu hermana es increíble! Despertó en mí pasiones y sueños. Leí algunos de sus artículos y mi corazón me dice que me mude a Argentina porque con ella voy a hacer mi camino.”

Al día siguiente me escribió un mail y yo sabía que ella sabía. Tal vez no todo pero su alma ya estaba despierta y ella estaba dispuesta a escucharla. El plan de estudio de cualquier persona que quiere servir a Dios, no importa cómo, es largo y exigente. Lo primero que se necesita es una voluntad fuerte y honestidad. Lo segundo es que haya conexión entre el conocimiento que el discípulo va adquiriendo con su vida personal. Quizá en la universidad se puede enseñar conocimiento que no tiene nada que ver con la vida privada del disertante pero un maestro espiritual puede enseñar sólo lo que está experimentando y por eso la “iniciación” comienza con lo que le acontece al alumno en ese momento.

Este articulo no viene a describir todo este proceso, para eso necesitaríamos un libro entero, sino a demostrar que una enfermedad puede llevar a una persona a un aprendizaje y crecimiento del alma. En este caso, como vamos a ver, se trata de un aprendizaje relacionado con entender profundamente qué significa ayudar en forma correcta. 

Rajel me cuenta sobre sus dolores de espalda. Dolores que van aumentando y que paralizan toda su vida. Ningún tratamiento médico ni alternativo le da resultado y se ve obligada a permanecer días enteros en la cama hasta que el dolor fuerte pasa. 

Elijo empezar con la definición de enfermedad que dio el doctor Edward Bach: “La enfermedad es el producto de la separación entre el alma y la personalidad.” En otras palabras, es el resultado de un conflicto entre nuestra voluntad más profunda, la voluntad de nuestra alma y otros deseos que vienen de nuestra personalidad, producto de lo aprendido en casa y de lo que la sociedad nos indica que es correcto. Rajel estaba de acuerdo.

Cualquier persona con un mínimo de consciencia sabe lo que enseñó Rabbi Najman de Breslav y Louis Hay en su best seller “Sana tu Cuerpo”: que no se puede tratar una enfermedad sin mirar su raíz que no es material.

El tema es cómo descifrar el mensaje que el alma nos manda a través de un cuerpo enfermo. Un dolor de cabeza provocado por las estrategias mentales que debemos hacer para luchar contra la inflación es un caso fácil de descifrar. Dolores de espalda severos que no son resultado de un esfuerzo físico requieren una intuición más aguda. Rajel es una mujer a la que le gusta mucha ayudar y de quien muchas personas dependen, y mi intuición me decía que quizá ella tenía una definición equivocada de lo que significa ayudar. Para corroborarlo le pedí que me contara de su infancia porque muchas veces podemos encontrar allí las raíces de muchas creencias que tenemos sobre la vida. 

“Soy segunda hija de una familia de seis chicos. Mi mamá no funcionaba como mamá. Hoy sé que sufría una depresión post parto que nunca fue tratada. La mamá de la casa fui yo. Me ocupaba de la cena por la noche, despertaba a mis hermanos para ir al colegio, les preparaba el almuerzo, hacía todo. Así logré tener el amor y la admiración de mi papá. Logré ser la elegida.”  

De la descripción de la niñez de Rajel se puede obtener una creencia básica simple que maneja su vida tanto a nivel consiente como inconsciente: el que ayuda logra amor y admiración. 

-¿Acaso no está bien que me guste ayudar? Yo no quiero ser egoísta -  dice algo inquieta.

-No te preocupes querida Rajel. El camino que ofrece ALMA es de conexión profunda con el alma y quien está conectado con su alma automáticamente quiere ayudar y servir en la Creación. 

-¿Entonces por qué es un problema que yo ayude? - Vuelve a preguntar.

-El problema es que la definición de ayudar que usa tu personalidad no es la misma definición de ayudar que usa tu alma. 

Elegí explicarle la diferencia en base a lo que escribió Ronit Galapo sobre la ayuda en su libro “Las leyes, Nuevo País, Nuevo Mundo”. La personalidad define la ayuda según lo que la sociedad nos enseña: que debemos ayudar si queremos ser considerados buenas personas. Es el mensaje con el que todos crecemos y como mujeres lo recibimos doble. Si nosotros ayudamos sólo por el deber de ayudar, es posible que no percibamos al otro y que sólo nos sintamos bien con nosotros mismos por haber cumplido. También una ayuda que nace de una obligación, a un nivel muy profundo, se lo puede sentir como algo que nos quita la libertad y por eso lo que damos no es puro sino que contiene una violencia encubierta. 

-¡Suena terrible! ¿Entonces cuál es la definición del alma de ayudar?

-La ayuda que nace del alma es una expresión pura del corazón. No lo hacemos porque debemos o porque está bien hacerlo sino porque nace de nosotros. Es la expresión mas auténtica de nosotros mismos. 

Para terminar de explicarle la diferencia le di un ejemplo de mi vida: la voluntad de mi alma es ayudar a las personas a llegar a su máximo potencial como seres humanos. No es lo que me enseñaron que es correcto sino el resultado de una decisión muy interna que tomé en un determinado momento de mi vida. No necesito aplausos por esto y mi única alegría es ver como mi alumnos hacen por fin el camino de su alma. Es algo que nace de mí con pasión y naturalidad y simplemente no puedo hacer otra cosa. Por otro lado, si me dejas un día entero cuidando chicos chiquitos o me decís que tengo que cocinar para gente necesitada, lo haría como un esfuerzo y no como algo que brota de mi.

-¿Entonces ayudar es sólo algo que me da placer?

-No exactamente – le respondí – Ayudar desde el corazón no siempre es fácil y lindo pero siempre es auténtico. Yo a veces ayudo en cuestiones que no tienen que ver específicamente con la misión de mi vida: colaborar con alguna causa, invitar gente a casa, llevar a mis hijos, preparar comida, pero entonces lo importante es que el foco esté puesto en la necesidad del otro y no en el ego que se siente enaltecido por ayudar.

-¿Y qué tiene todo esto que ver con mis dolores de espalda? 

-El primer punto que tenemos que revisar es si tu forma de dar está conectada con tu alma o con un mandato social. Puede ser por ejemplo, que tu alma esté llamada a ayudar como parte de su desarrollo interno pero que no tengas el tiempo porque tu personalidad no para de hacer favores y de proteger a la gente de sus propias vidas. Sigamos un poco más y te aseguro que vas a empezar a entender por qué tu alma utiliza tu espalda para que pares y pienses.

-Estoy con vos.

Entonces le dije que según la definición errónea, ayudar significa hacer algo por el otro, salvarlo. Si alguien está débil, hacemos las cosas por él, si alguien está triste, lo alegramos. Así por un lado, esta definición crece junto a infinitas personas que buscan magos que les salven la vida, y por el otro, a quienes ayudan de esta forma les esperan dos peligros: 1) la arrogancia y 2) que se les rompa la espalda porque salvar personas significa cargarlas sobre la espalda y llevarlas hasta el lugar donde a deberían llegar por sus propios medios. De esta forma, el “salvado” no aprende el camino, no se desarrolla, no evoluciona y al “salvador” se le rompe la espalda. Por el contrario, una ayuda del alma significa mostrar el camino para que el otro pueda caminarlo con sus propios pies y no dependa nunca de nadie. 

Rajel es una excelente alumna y en seguida pudo resumir lo aprendido en sus propias palabras:

“El hecho de que yo ayudo porque es lo que debo hacer y no siempre porque me nace del corazón, y también el hecho de que salvo gente porque pienso que no tienen la fuerza necesaria, son dos cosas que mi alma rechaza y por eso me provoca dolores de espalda para que no me pueda mover.“

-¡Exacto! Entonces de esto podemos entender que para que paren tus dolores, tenes que soltar las mochilas que decidiste cargar y dejar de salvar a la gente de sus propios caminos para empezar a hacer el bien desde la voluntad de tu alma. Así vas a poder ayudar enseñando a pescar y no dando pescado. 

-Entiendo. ¿Y cuánto tiempo va a llevar todo esto?

-Tiempo Rajel. Date a ti misma todo el tiempo que haga falta. Esto significa tener más ayuda en casa y aprender a decir que NO con suavidad y determinación a los pedidos de ayuda que fortalecen tu personalidad pero no a tu alma y sus sueños.

-Esto me recuerda lo que me dijiste sobre la menopausia: una edad magnifica que permite a las mujeres dar a luz a sus sueños.  

-¡Exacto! Yo te prometo que si haces esto durante un determinado tiempo, los dolores de espalda van a desaparecer.

Como ya dije antes, Rajel es una excelente alumna. Muy pocas personas de las que acompaño en su camino del alma, tienen la capacidad de poner en la realidad en tan poco tiempo lo que aprendieron y entendieron. 

Así, en algunas semanas, los dolores de espalda de Rajel pararon por completo y yo gané una nueva compañera en nuestro equipo que, llegado el momento, se convertirá en la directora de ALMA Conocimiento e Inspiración para la Vida en Israel. 

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